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EL DISEÑO ARQUITECTÓNICO, UN ASUNTO POR
DISCUTIR EN LA ACADEMIA
ABSTRACT: "Solo la educación (paideia) de los ciudadanos como tales puede
dar un contenido verdadero y auténtico al "espacio público". "Cornelio
castoriadis"
En el umbral de un nuevo milenio surgen diversas inquietudes...
quizá con un amplio dominio de las preguntas sobre eventuales respuestas; situación
consecuente con los permanentes interrogantes que el ser humano se plantea ante su vida y
el rol social que debe cumplir.
Naturalmente estas reflexiones suscitan diversos cuestionamientos
relacionados con la cotidianidad y, en nuestro caso, el ejercicio de la
arquitectura - en términos genéricos - y del diseño arquitectónico - en términos
específicos - no son ajenos a aquellos.
De igual manera, ésta disciplina, en relación con la academia,
requiere ser leída desde variados tópicos, para no caer en reduccionismos que, con
alguna frecuencia, privilegian parcialmente su concepción, a partir de las connotaciones
que posee con el arte, la ciencia y/o la técnica. Se plantea de esta manera una visión
integral que supone interacciones múltiples de la profesión con el entorno.
Pero resulta igualmente necesario acotar el tema en su
terrotorialidad, es decir en nuestro país, y en el proceso continuo de enseñanza -
aprendizaje que se vive a través del ejercicio académico.
Lo anterior dado que la academia debe ser la institución llamada
a confrontarse permanentemente frente al medio, para poder atender en forma adecuada sus
demandas y asegurar su permanencia.
En el último término se trata de resolver inquietudes centrales
sobre el proceso de formación del arquitecto en el área del diseño arquitectónico para
que pueda cumplir una función relevante en el desarrollo del país.
Hoy día las expectativas de inserción al mercado laboral han
cambiado sustancialmente; las condiciones socioeconómicas, políticas y culturales del
país han influido notablemente. En épocas precedentes el nuevo profesional tenía
mayores posibilidades de ejercer su oficio en forma individual, resultaba relativamente
fácil poseer una potencial reserva de clientes particulares que demandaran sus servicios
profesionales con el apoyo casi exclusivo de unas buenas relaciones sociales e
interpersonales en un medio específico.
Sin embargo el acelerado crecimiento demográfico de las áreas
urbanas del país, el modelo de expansión de las ciudades nuestras y las necesidades
crecientes de vivienda y dotación de infraestructura social, generaron cambios radicales
en la producción de vivienda y servicios, pero también cambios estructurales en la
concepción empresarial encargada de dotar a las ciudades de dicha infraestructura.
Podríamos decir que, de igual manera estos procesos se
manifestaron en razón a la explosión de la demanda y a las condiciones socio-económicas
específicas de los demandantes, es decir, que el fenómeno dual y divergente de
concentración de la riqueza y socialización de la pobreza que afecta a nuestro país, ha
impactado negativamente esa posibilidad del ejercicio profesional particular.
Pero otros factores también han incidido en forma sensible; es
así como las empresas urbanizadoras particulares y las entidades estatales conformaron
equipos interdisciplinarios que desarrollaban todo el proceso de formulación, promoción,
diseño, construcción y ventas. Esta modalidad permite ejecutar grandes proyectos
acaparando en una sola empresa una gran cantidad de beneficiarios.
Así mismo, las entidades financieras canalizaron sus créditos a
través de empresas constructoras que, con equipos de profesionales relativamente
reducidos, atendían una proporción alta de beneficiarios, quienes adquieren un servicio
global acumulando ante un solo agente sus trámites y maximizando el uso del tiempo.
Otro aspecto que ha incidido en esta reducción de oportunidades
está relacionado con el incremento de ofertas en esta modalidad de formación académica,
dado que diferentes universidades, en distintas localidades, han abiertos programas y/o
facultades de arquitectura (de diez facultades de arquitectura existentes en los años
setenta, hoy día existen treinta y cuatro), dando lugar a una mayor competencia
laboral ; lo cual no puede verse como algo negativo, al contrario, resulta positivo
para el país que haya una variada oferta en educación superior en las distintas
ciudades, porque contribuye a potenciar el talento humano generador de desarrollo.
Por lo tanto, la preocupación fundamental a futuro debe ser la
capacidad competitiva que posea ese nuevo profesional, de tal manera que pueda insertarse
laboralmente y que, al mismo tiempo se convierta en agente dinamizador del
desarrollo.
Indudablemente estas reflexiones nos llevan directamente a
considerar cual debe ser el perfil profesional de ese nuevo actor social: el arquitecto
del próximo milenio.
De hecho el cliente ha cambiado, no se trata de satisfacer los
requerimientos de una persona (o familia), como en épocas precedentes de corte monacal o
príncipes, donde las prioridades se formulaban en torno a consideraciones estéticas y
funcionales individualizadas, ahora deben satisfacerse necesidades de corte colectivo que
superan esos condicionamientos subjetivos o, si se quiere, caprichosos.
El arquitecto de hoy debe interactuar con grupos heterogéneos en
contextos de mayor complejidad, circunstancias que obligan un mayor conocimiento de la
sociedad, una capacidad de razonamiento flexible, una visión crítica frente a diferentes
fenómenos y una gran apertura para apoyarse y apoyar otras disciplinas o áreas del
conocimiento que actúan paralelamente con el ejercicio de la arquitectura; estas
condiciones son más necesarias en el ámbito colombiano, donde los asentamientos humanos
han entrado en crisis y exigen lecturas holísticas para que sean cabalmente comprendidos.
Es por ello que la academia debe revisar no solo sus contenidos
sino sus métodos, si pretende mantener su prevalencia como formadora del talento humano y
dinamizadora del desarrollo de la sociedad.
Esa revisión académica debe privilegiar la concepción del
diseño arquitectónico, dado que en él se sustenta, según parece, la especificidad
profesional del arquitecto; pero, concibiendo el diseño como un área que integra otros
conocimientos (sociales, tecnológicos y científicos), es decir, evitando enmarcarlo
únicamente en el contexto formal.
Quizá ese tradicional privilegio estético-formal ha sido el
causante de la crisis que afecta a nuestra disciplina genérica, la arquitectura, y a sus
oficiantes.
Resulta claro y fácil de explicar por qué el arquitecto
colombiano, durante los últimos años, solo ha cumplido un rol secundario en el
desarrollo del país. Ha faltado compromiso individual y de gremio con los problemas
esenciales de la sociedad colombiana porque su formación ha sido orientada
fundamentalmente en el estético y lo constructivo, mas no en lo tecnológico, dado que en
ese sentido no ha actuado con criterio propositivo, investigativo o innovador; con escasas
excepciones, nos hemos dedicado simplemente a reproducir procedimientos y técnicas
tradicionales que utilizan como recursos básicos la mampostería de arcilla o concreto y
el soporte estructural en ferroconcreto.
Pero ha faltado explorar y explotar con decisión otras
posibilidades como la prefabricación o las tecnologías alternativas o vernáculas, de
las cuales aún quedan escasos pero variados ejemplos en nuestros diversos ámbitos
regionales.
Frente a estos hechos será necesario vencer varias dificultades,
pero principalmente se debe luchar por involucrar los aspectos tecnológicos en la
conceptualización del diseño, y por vencer nuestra tradicional y afincada
resistencia al cambio, porque esta última razón limita nuestras capacidades
exploratorias e investigativas en el área tecnológica y estabiliza nuestra visión
segmentada o sectorial de los problemas que debemos afrontar.
Experiencias recientes, como el terremoto del pasado 25 de enero,
permiten ratificar los comentarios anteriores en nuestro ambiente regional, dado que
continuamos actuando en la gran mayoría de casos con un sentido de "irresponsable
fidelidad colectiva" a los sistemas constructivos tradicionales, aún cuando somos
conscientes de las características geológicas y morfológicas de nuestros suelos y de
los riesgos frente a fenómenos sísmicos que entraña nuestra localización geográfica.
Aparece entonces otro componente que la academia debe ligar al
diseño arquitectónico, pues sin considerar estos aspectos ambientales resulta
imposible dar respuesta adecuada a los problemas arquitectónicos que demanda una
comunidad; hasta hace poco tiempo las circunstancias ambientales vinculadas al diseño
solo tenían relación con la orientación de los edificios, dependiendo de las
condiciones de asoleamiento, paisaje, direccionalidad de vientos, iluminación, accidentes
topográficos y visuales.
Hoy y hacia el futuro se tendrá que actuar con mayor rigor en los
aspectos ambientales, dado que ellos establecen encadenamientos con asuntos de orden
normativo y legal que deberán tenerse presentes en el ejercicio académico y profesional
del diseño arquitectónico.
En virtud a estas apreciaciones se establece un vínculo
entre el diseño arquitectónico y lo jurídico, vínculo que transciende lo
ambiental y posee imbricaciones también con los procesos constructivos, administrativos
(trámites, personal, etc.) y en las relaciones con instituciones estatales.
Las condiciones propias de Colombia en cuanto a su desarrollo
económico y las necesidades crecientes de servicios sociales ( hospitales, escuelas o
centros de atención a infantes y ancianos, por ejemplo) y alojamientos, exigen que
los proyectos privilegien asuntos de carácter económico, con el fin de maximizar
el uso de recursos y lograr no solo mayor cobertura sino eficiencia en la producción de
estos componentes de la estructura urbana, dado que estas necesidades son más frecuentes
en los sectores de población más desprotegida.
Sin lugar a dudas, otros elementos vitales en el ejercicio del
diseño, están relacionados con características de orden sociológico y
psicológico, en virtud a que en nuestro territorio existen manifestaciones
culturales y tradicionales diversificadas que responden a características raciales y/o a
condiciones especiales de ubicación geográfica, en igual forma, las condiciones de
pobreza y la falta de oportunidades para acceder a una vivienda digna, obliga a muchos
pobladores urbanos a coexistir en condiciones de hacinamiento, promiscuidad y aún de
indigencia, factores que afectan negativamente los niveles psicológicos y actitudinales
de importantes conglomerados humanos.
En resumen, debemos reconocer que la práctica del diseño
arquitectónico tiene trazas de complejidad que obligan una lectura integral para que su
impacto en la sociedad sea positivo.
Tomando, a manera de ejemplo, el tema del hábitat popular,
conocido actualmente como la vivienda de interés social, apreciamos como el arquitecto
colombiano se ha quedado al margen en su capacidad propositiva para generar a través del
diseño alternativas que mejoren las posibilidades de pobladores urbanos para satisfacer
esta demanda.
En general se ha recurrido únicamente a reducir el tamaño de la
solución y las especificaciones técnicas para producir la vivienda a un menor costo
tratando de lograr mayores coberturas. Esta situación ha producido un impacto
urbanístico negativo deteriorando el ambiente en forma masiva y en diferentes lugares de
la urbe. Obviamente esta circunstancia es consecuente con la carencia de una visión
integral del diseño y con la falta de una formación profesional que esté orientada a
solucionar problemas fundamentales de la sociedad.
El arquitecto se ha aislado de un tema que debería ser central en
su formación y en su ejercicio profesional, pero lo hace porque desconoce posibilidades
de intervención que permitan integrar los aspectos económicos, tecnológicos,
ambientales, legales, psicológicos y sociales con el diseño; y es allí donde las
escuelas de arquitectura deben cuestionarse, donde deben actuar y privilegiar procesos que
atiendan o se orienten a comprender situaciones reales y específicas del entorno,
entendiendo dicho entorno como el espacio donde se conjugan aspectos de diverso orden.
Colombia requiere de los aportes del ARQUITECTO, sin remoquetes o
nominaciones complementarias; lo que exige verdaderos complementos es su formación, de
tal manera que la sociedad deje de asimilarlo únicamente con un profesional capaz de
concebir artefactos (edificaciones) bellos o suntuosos y creativo en el empleo de
materiales; debe generarse un prototipo de profesional analítico, capaz de interactuar
con otros profesionales, comprensivo de los problemas de la comunidad y de los
requerimientos individuales, honesto, ético y con una adecuada formación humanística.
A las escuelas de arquitectura les compete entonces privilegiar,
en los procesos de diseño arquitectónico, la orientación de planteamientos centrados
en los problemas básicos del entorno social y territorial , el cambio
metodológico de tradiciones academicistas, por la realización de verdaderos talleres
donde se discutan y analicen problemas de la colectividad, de la vida ciudadana,
fortaleciendo en ellos el trabajo investigativo que favorezca el
conocimiento de esa realidad, para poder potenciar procesos verdaderamente creativos que
permitan transformar el estado crítico en el cual se halla nuestro entorno natural y
artificial.
El papel de nosotros como docentes también exige mutaciones
importantes, debemos cambiar la concepción del taller como el espacio temporal y físico
en el cual básicamente se corrigen y desechan las alternativas propuestas por el
estudiante, conduciendo en ocasiones el proceso de aprendizaje de ese estudiante a
satisfacer los gustos del profesor o a desarrollar su particular idea del proyecto.
El aporte del docente será vital para la comprensión del
problema por parte del estudiante, asumiendo una postura abierta que potencie una
actitud dialógica en el grupo y allane el camino en busca de acuerdos sobre
opciones viables para transformar una situación problemática concreta.
Esa postura abierta del docente implica también reconocer sus
debilidades para minimizarlas a través del estudio y la investigación, de tal manera que
pueda prestar una eficiente asesoría y apoyo al estudiante.
Exige también que el docente sea verdaderamente un modelo a
emular desde la perspectiva humana y profesional, puesto que en el proceso
enseñanza-aprendizaje, esa idealización del "maestro" puede conducir a
sorprendentes resultados. De allí que el respeto por los principios y valores
sociales deberán ser también una constante en el proceso formativo.
Pienso que solo así, con una mentalidad prospectiva de cambio,
lograremos rescatar el rol social preponderante que ocupaba el arquitecto en épocas
precedentes.
En esa perspectiva nuestros espacios de interacción individual y
colectiva serán más amables; las relaciones contractuales estado-ser social serán
transparentes y justas; la vivienda popular recuperará su dignidad; la infraestructura
social será viable en lo funcional, técnico y económico; el proyecto político que es
la ciudad será un verdadero proyecto colectivo que fortalezca la convivencia y el
desarrollo sostenible de la sociedad actual.
Nuestras posibilidades de intervención a través del ejercicio
del diseño arquitectónico son diversas, pero dejando a un lado aquellos esterotipos que
influencias foráneas nos han legado, es decir, aprovechando las experiencias ajenas pero
sin abandonar de nuestras prioridades, para que en nuestro entorno no continúen
apareciendo obras monumentales que alimentan el ego de su autor pero poco aportar a la
construcción colectiva de la ciudad y el ciudadano, en otras palabras, se trata de hacer
arquitectura urbana - como la denomina en diferentes artículos el arquitecto Germán
Samper Gnecco - reconocible por sus pobladores y al servicio de la sociedad mediante el
respeto permanente por el paisaje urbano y natural, y consecuente con las necesidades del
ser humano expectante ante el nuevo milenio.
Finalmente, las escuelas de arquitectura estarán entonces
verdaderamente comprometidas con su obligación académica en la triada "FORMACIÓN,
INVESTIGACIÓN Y EXTENSIÓN", que debe asumirse a partir del diseño arquitectónico,
ojalá interpretando el mensaje de nuestro Nobel Gabriel García Marquez: "LA
INTERPRETACIÓN DE NUESTRA REALIDAD CON ESQUEMAS AJENOS SOLO CONTRIBUYE A HACERNOS CADA
VEZ MÁS DESCONOCIDOS, CADA VEZ MENOS LIBRES, CADA VEZ MÁS SOLITARIOS"
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