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ENSEÑANZA Y
APRENDIZAJE EN LAS FACULTADES DE COMUNICACIÓN SOCIAL EN COLOMBIA
Guillermo Alejandro D´Abbraccio
La pregunta es entonces,
¿qué enseñar en una sociedad en
guerra que no nos conduzca a todos al suicidio,
pero que tampoco nos tape los ojos?
¿Cómo hacer para construir un país
que cuando se mire en los medios, vea algo más?.
Jesús Martín Barbero
Una mirada al contexto nacional e internacional
Asistimos en las dos últimas décadas a la creación y
resignificación de nuevas relaciones en los ámbitos del espacio y el tiempo, como
consecuencia de transformaciones y rupturas en la relación entre lo global y lo local.
Un nuevo mundo se encuentra ante nuestras miradas: nada impide su
expansión. Algunos lo denominan globalización, otros se acercan a él, describiéndolo
como la etapa del postfordismo o sociedad postindustrial. Otros se aproximan desde la
perspectiva modernidad/ postmodernidad. Se aborde de un modo o del otro, lo cierto es que
la economía y la cultura, "se mundializan", siguiendo al investigador
brasileño Renato Ortiz. De ahí que nos encontremos situados ante dos procesos claramente
diferenciados pero a la vez interrelacionados: uno, ligado a la transformación y
declinación del Estado Nación (más no su desaparición), el cual se caracteriza por la
apertura de lo nacional y la hegemonía del mercado como regulador de las reglas de juego
en el planeta, y el otro, denominado por muchos como "descentralización" o
regionalización, en el que la categoría "región" comprende "fracciones
del territorio nacional de cada uno de los países que, en algunos casos, corresponden a
sus divisiones político- administrativos y que en otros, poseen complejidad estructural
suficiente para catalogarlos como tal". Es a partir de éstas dinámicas de la
globalización y de la regionalización, desde donde se explican los contextos en el que
nos encontramos inmersos.
La Universidad colombiana no puede ser ajena a estos procesos, ya
que la competitividad se encuentra marcada y atravesada por factores tales como la
producción de conocimiento, el desarrollo científico y tecnológico y la formulación,
diseño y aplicación de proyectos de integración y cooperación, tanto en el
subcontinente- Latinoamérica-, como en el resto del mundo.
Si la época actual es denominada como "sociedad de la
información " y "sociedad de la comunicación", entonces ¿qué papel
cumple en ésta sociedad la formación de comunicadores sociales? ¿Qué enseñar en las
facultades de Comunicación Social en un país convulsionado por las desigualdades e
inequidades sociales, las "violencias" cotidianas y en guerra permanente?.
Se intentará en las páginas siguientes una breve reflexión que
no desea caer en la trampa de reducir la problemática de la enseñanza de la
comunicación a aspectos temáticos ó de confrontación entre formación teórica de la
comunicación y aspectos "prácticos" y empíricos de la praxis periodística.
Se parte en la presente ponencia de la necesidad de formar una mirada de sospecha y de
actitud crítica (conciencia social) en los estudiantes de comunicación Social en
Colombia, los cuales no pueden reducir su formación al "mundo de las
apariencias" o de la simple doxa, tal como describe Platón a los prisioneros en el
mito de la caverna. El estudiante que formamos debe superar ese espacio de las sombras, y
proyectarse hacia el ámbito de la episteme, situación que lo ubicaría en el rol de
observador crítico de la realidad en un país en donde la relación entre el 25% más
rico de la población y el 25% más pobre es de treinta veces ; el grado de incidencia de
la pobreza por ingresos afecta al 69.5%, la mortalidad materna (tasa por cien mil
habitantes) es de 130, cuando el promedio en un país como Chile es de 55 ; o simplemente,
que se trata del país que carga el lastre de ser señalado como la nación más violenta
del continente americano. Entonces, se debe volver a la pregunta: ¿qué enseñar en unas
facultades de Comunicación Social y Periodismo inmersas en un país que sufre de
injusticia social, subdesarrollo , inequidades y guerra?. Un país más allá de las
cortinas de humo de la farándula y el deporte, de la superficialidad y la banalidad.
Facultades de comunicación: ¿Instrumentalización o
construcción de un proyecto?
Un poco más de medio siglo de historia de los estudios
de comunicación, son tal vez un antecedente corto para llegar a entender el por
qué del crecimiento desmesurado de centros de estudios en la ciencia de la comunicación
y el periodismo.
Existen más de doscientas cincuenta facultades de Comunicación
en América Latina, de las cuales una gran mayoría se encuentran ubicadas en México y en
Brasil. Según Raúl Fuentes Navarro, "es en Brasil y en México donde se han
concentrado, aunque de maneras distintas, el mayor peso del desarrollo del campo
académico de la comunicación en América Latina, especialmente en cuanto a programas de
formación profesional, que tienen su origen en las escuelas de periodismo fundadas a
partir de los años treinta sobre el modelo profesionalizante consagrado en los Estados
Unidos por Joseph Pulitzer "
En Colombia, el crecimiento de las Facultades y Centros de
estudios de comunicación, ha sido más bien producto de los intereses de diversas
Universidades en ampliar el mercado, más que como consecuencia de un análisis consciente
de las necesidades del país y de las posibilidades de inserción laboral de sus futuros
egresados, además del desarrollo del perfil deseado del comunicador social y el
periodista. Actualmente en Colombia existen veinticinco facultades de comunicación
social, la mayoría de ellas concentradas en la capital de la República.
Alrededor de la enseñanza de la comunicación y la inserción
laboral de sus egresados, se ha abierto desde hace algunos años, una discusión y un
debate que muchas veces raya en la obviedad y los lugares comunes: por ejemplo, la
relación "teoría y práctica", o la perspectiva pragmática e instrumental de
los medios masivos, que asume a la búsqueda de la información, como meta periodística.
Los estudios de comunicación social y Periodismo en Colombia han
sido objeto de severas críticas, por parte de otros ámbitos académicos de las ciencias
sociales, así como por parte de los medios masivos de comunicación y de los periodistas
de formación empírica.
En la presente reflexión, se intentará una breve aproximación a
un aspecto que en la discusión sobre la formación de los futuros comunicadores en
Colombia, es dejado de lado: la formación de la "conciencia social". Así
mismo, la aproximación y profundización en la relación Comunicación y educación y el
fortalecimiento de la investigación en los pregrados de Comunicación Social, son
considerados en éstas breves líneas, como soportes fundamentales en la formación de la
conciencia social de los comunicadores.
En la formación de los comunicadores sociales, no se puede dejar
por fuera la necesidad de crear en éstos una "conciencia social", es decir,
"cuestionarse" y "pensarse a sí mismos y a la sociedad", elevando la
capacidad crítica alrededor de problemáticas sociales, alejándose de la banalidad, la
superficialidad y el sentido común. Por conciencia social, se entiende la formación y
expresión de un pensamiento abierto, pluralista, heterogéneo, crítico, que pone todo en
duda, en contraposición a la denominada "falsa conciencia", es decir, "aquel
pensamiento único, uniforme y acrítico "
Abordando la estructura y no limitarse a "describir"
la coyuntura. El futuro comunicador debe ser, en sentido amplio, un intelectual. Sin
embargo, debe distanciarse de los dogmas y los discursos acabados de las izquierdas y de
las derechas, para llegar a estudiar, discutir, pensar, polemizar, debatir, reflexionar y
cuestionar la realidad.
En una entrevista concedida al Magazín dominical del diario
"El Espectador", Néstor García Canclini asumía al intelectual como un
ciudadano empecinado a ver más allá del común de sus semejantes: "El
intelectual, en un sentido antropológico, es alguien que tiene que ver la propia sociedad
como algo que podría ser de otra manera. Tiene la responsabilidad de ser la mala
conciencia, el aguafiestas y el irreverente, ante las convenciones que las sociedades
constantemente tienden a sacralizar.
Otro aspecto que debe ser fortalecido al interior de las
facultades de comunicación social es el de la relación comunicación- educación. Las
facultades deben responder a la necesidad que demanda el mundo contemporáneo de formar
profesionales que se interesen en la investigación, diseño y aplicación de estrategias
comunicativas para diferentes ámbitos de la educación, asumiendo el espacio educativo no
sólo en el ámbito escolar, sino también en la cotidianidad familiar, la recepción de
medios de comunicación masivas y los grupos de socialización de los niños y
adolescentes, entre otros, los cuales implican encuentros y desencuentros con la dinámica
social, en una época de búsqueda permanente de las identidades y de resignificación y
reacomodamiento de los desarrollos regionales.
Debemos pues, consolidar en los futuros comunicadores una
vocación pedagógica, que contribuya a la formación de los pueblos. Así mismo, se
plantea la consideración y la responsabilidad de asumir dentro de sus procesos
académicos un proyecto educativo contemporáneo, que incluya las transformaciones y
rupturas en el "ethos" y sensibilidades de los jóvenes estudiantes que acceden
a la educación superior en Colombia. No comprender las formas de significación y
representación de nuestros jóvenes implica una miopía y un desconocimiento peligroso de
las redes de sentido que éstos despliegan, tan alejados de los modos de explicar el mundo
hace apenas dos décadas, los cuales estaban signados por la capacidad de entender qué
era la modernidad y cuáles eran las instituciones que ésta creó (la escuela, la
producción a gran escala, la democracia representativa, la categoría de ciudadano, etc).
En cambio, las llamadas sensibilidades juveniles son asumidas como "formas o modos
de atención, percepción y expresión socialmente condicionados. Asuntos como la
velocidad de la percepción, ligada a la instantaneidad de las nuevas tecnologías,
ilustran una circularidad entre contexto tecnológico y formas de atención, percepción y
expresión como la que nos faculta para decir que las sensibilidades de las jóvenes
generaciones son informadas por el ambiente tecnológico tanto como éste lo es hoy por
aquellas". Comprender a los jóvenes y estudiar las sensibilidades y culturas
juveniles, es una necesidad insoslayable. Sin embargo, caer en la tentación de
creer que los jóvenes no tienen un rol fundamental qué cumplir
en el "pensar" y transformar este país, sería llegar a una perspectiva
pragmática, hedonista e individualista que es peligrosa e invita a profundizar los
desequilibrios sociales. Si bien los jóvenes de los años noventa no son los mismos de
los sesenta y setenta, y el concepto de participación se ha transformado, no menos cierto
es que éstos no pueden limitarse a ser meros consumidores y espectadores de una realidad
que los afecta.
Otro aspecto que aporta en la conformación y consolidación de la
conciencia social de los futuros comunicadores, es el fortalecimiento de las redes de
investigación al interior de las facultades. La gran mayoría de los docentes de
Comunicación Social en Colombia, trabajan como catedráticos, con bajas remuneraciones y
escasos incentivos para la investigación. Además, muchas facultades de Comunicación
Social en Colombia recargan a los docentes un alto número de horas cátedra, lo que
obstaculiza la capacitación de estos a nivel de postgrados y de producción escrita.
Mejorando la calidad académica de los profesores de Comunicación Social, se obtendrán
garantías en la calidad profesional de los futuros egresados.
En lo referente al ámbito de la investigación, es preciso hacer
las siguientes observaciones: hacen falta más "pistas" que nos guíen ¿
Cuáles son las áreas prioritarias de la investigación en Comunicación y cómo debe ser
la cooperación de los centros de investigación en Colombia con sus pares
latinoamericanos y de los países desarrollados?. Hace falta trabajar más a fondo en
temáticas y problemáticas como industria cultural en Colombia, Educación y
Comunicación, Comunicación y rediseños urbanos, medios y políticas públicas,
Comunicación y espacio público, Lo público en Colombia, relación comunicación y
cambios culturales, Conocimiento del mundo cultural de las audiencias, Medios masivos en
la integración regional, región y medios masivos, producción y consumo de medios
regionales, la relación Comunicación y democracia, el uso de los medios en la vida
cotidiana, entre otros. Es importante agregar aquí el escaso aporte investigativo en los
pregrados de Comunicación. Los seminarios de investigación en las facultades de
comunicación se reducen y limitan muchas veces a lo metodológico, convirtiéndose
entonces estos cursos en "ladrillos" para los estudiantes (manuales de
investigación, la obra de Mario Bunge, la de Lizardo Carvajal y la de "Aprender a
Investigar" del ICFES entre otros). Se dice corrientemente entre los profesores
universitarios en Colombia, que la verdadera dimensión de la investigación en Colombia,
llega recién en los niveles de postgrados, y que en los pregrados no se debe hacer
ilusiones y espejismos de investigación.
Algo de verdad puede haber en esta idea, más sin embargo, no se
puede "limitar" las potencialidades que presentan los estudiantes de las
carreras de pregrado en Colombia, y entre ellos, los futuros comunicadores, los cuales en
muy diversas ocasiones confunden la "recolección de información" y la
búsqueda de fuentes, con proyectos de investigación científicos.
Finalmente, la formación de los comunicadores sociales y
periodistas, se convierte en una herramienta válida para la apología de la democracia,
como sistema político que debería en principio permitir la participación ciudadana (tal
vez nos encontramos ante una falacia y un espejismo, o tal vez la participación pasa por
otros ámbitos muy distintos a la socialidad clásica que exalta la figura y categoría
del "·ciudadano"). Además, desde la perspectiva heredada de la influencia
grecooccidental, la democracia es un sistema político que busca el bien común. Sin
embargo, las contradicciones están a la vista, lo cual no significa que la democracia sea
un espacio ideal y sujeto a perfección. Jesús Martín Barbero realiza un acertado
enfoque de las contradicciones de la democracia en Latinoamérica:
" Y cómo construir democracia en países donde la
polarización social se profundiza colocando al cuarenta por ciento de la población por
debajo de los niveles de pobreza; qué viabilidad pueden tener proyectos nacionales cuando
los entes financieros transnacionales sustituyen a los Estados en la planificación del
desarrollo?. El crecimiento de la desigualdad atomiza la sociedad deteriorando los
mecanismos de cohesión política y cultural".
Finalmente, cabe reunir en estas últimas líneas, los
aspectos necesarios en la formación de una conciencia social en la enseñanza de la
comunicación Social en Colombia. El futuro comunicador Social y Periodista debe ser un
observador crítico de la realidad, que comprenda qué se está jugando el país en los
procesos de cambio y transformación social, económica y política, en las
privatizaciones de las empresas públicas, en la reconversión industrial y tecnológica,
qué significado social presentan los altos índices de miseria y pobreza, inequidad
social y desempleo, las consecuencias de este gris panorama en la violencia social y
política del país. Es decir, "mirar" la realidad desde los procesos macro y la
estructura social, más que limitarse a buscar la información, reducirse a la
"chiva" periodística y a la coyuntura equivalente a las sombras de los
prisioneros en el mito de la caverna de Platón. Además, el futuro comunicador debe ser
un "educador" permanente, así como un investigador de las transformaciones,
rupturas o continuidades sociales. Comunicador poseedor de conciencia social, educador e
investigador permanente de la realidad. Aspectos éstos que remiten a una necesidad
impostergable: la de crear un proyecto amplio y ambicioso de país.
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